IA, un altavoz de la desigualdad de género

La IA no creó la misoginia, pero la ha industrializado: desde deepfakes que violan la soberanía corporal hasta algoritmos que «premian» la sumisión femenina, la tecnología actúa como un espejo roto que automatiza nuestros peores prejuicios. No es un error del sistema, es el sistema funcionando como fue entrenado, recordándonos que un código «sin ética» no es neutral, sino una herramienta de discriminación a escala masiva.